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Oswaldo J. Hernández

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Paulo Alvarado: Más allá del instrumento

El violonchelo, como escribe Oswaldo J. Hernández, tiene una peculiaridad para poder narrar la vida e inquietudes de un músico guatemalteco que gusta experimentar con la estética del sonido.

Paulo Alvarado: Más allá del instrumento
F: Cecilia Cobar

El diapasón golpea con fuerza su rodilla, vibra y rápido emite un sonido. Emocionado, sonriente, conmovido, Paulo Alvarado sostiene el pedazo de metal y su oscilación entre las manos, luego, como si de algo delicado se tratara, acerca este sonido a uno de sus oídos y escucha; “la nota La”, dice. El tono mantiene esta tesitura por otros 10 segundos a una frecuencia de 440 Hz. entre sus dedos. 

Así de “avispado”, de “inquieto” –adjetivos que le quedan perfectos–, Paulo tiene tras de sí una enorme trayectoria como músico. Sin que la nota “La” se esfume del todo en el ambiente, sin que él deje de “retozar” con las notas musicales, es fácil describirlo como un explorador de todo tipo de sonidos, de música, “hace de cuenta que casi como un científico”, indica.

Así es su personalidad, “entusiasta”, como puede hablar de pentagramas, o de un instrumento, o de una sinfonía clásica, Paulo también es capaz de hilar la conversación desde la música hasta una referencia filosófica, desde Chaikovski a algún deporte, o partir de John Cage para hablar de alguna fórmula creada por algún matemático.

Son poco más de 40 años los que dan cuenta de su existencia entre las partituras. Paulo tuvo una infancia marcada por la música, “con 2 padres músicos”, la pianista escocesa Rosalind Browning y el violonchelista y director de orquesta, Manuel Alvarado Coronado. Resalta también su aporte fundamental en la base armónica del grupo Alux Nahual, pasando por la creación del primer cuarteto contemporáneo de cuerdas en Guatemala, o últimamente, reconocido como investigador de las piezas que han dejado compositores guatemaltecos a lo largo de la historia, “desde autores barrocos, la música sacra, hasta maestros como Joaquín Orellana”, dice.

Pero si hay que identificar mejor a Paulo Alvarado no se puede pasar por alto una mención muy especial dedicada al violonchelo. 

“Al chelo”, dice Paulo, “le puedo sacar infinidad de experimentos estéticos. Es un instrumento muy versátil. También, como todo instrumento de cuerda frotada, es un ingrato, necesitas mucho estudio, mucha disciplina para poder al fin sacarle sonido”. 

Es, de todos los instrumentos, el que mejor lo ubica en un contexto, “casi somos sinónimos”, dice Paulo tras su reconocible delgada figura de pelo largo, una gorra roja sobre la cabeza, jeans y sus tenis Converse recién lavados. 

Así, con ese porte, es bastante común verlo arrastrando un enorme armatoste cotidianamente, que es el estuche de un violonchelo, casi de su tamaño, quizá en dirección a un ensayo, o a una reunión de trabajo, o como en este caso, a una entrevista. “A los 7 años mi papá –el maestro Manuel Alvarado– me puso un chelo entre las manos. Una pregunta regular es aquella de: ‘¿Vos Paulo, y a vos por qué te dio la gana de escoger el chelo?’. Pero escoger nada –resalta medio en serio, medio en broma–, vino mi papá y me dijo que era lo que tenía que tocar”. 

Paulo lo recuerda ahora “claramente”, “con total incomodidad”, remata, “era un chelo pequeño, con cuerdas de tripas de cerdo y arco con pelo de caballo”. 

Dice: “Si te soy sincero, no sé exactamente en qué momento empecé a sentir el gusto de poner mis dedos sobre un chelo”.

Si de algo sirve, como Paulo lo indica, existía cierta seducción desde ese instrumento: significó viajes, conciertos lejos de Guatemala, ovaciones largas y reconocimiento a una corta edad... “Entré a la Orquesta Juvenil de Guatemala fundada por mi padre; y allí, ya con las salidas a México, EE.UU. y Centroamérica, tocar el chelo empezaría a ser sumamente interesante y a tener, para mí, otro tipo de sentido”.

Sutileza y actitud

A finales de los años 70, resultaba poco usual entender el chelo como un elemento dentro del género rock. Alvarado está de acuerdo con ello; también en que se trataba tan sólo de un convencionalismo, de algo que se podía cambiar. “Hay que amplificar los sentidos, indagar más allá del instrumento”, argumenta agradecido de haber tenido una educación diferente, nada dogmática, “cosa tan difícil en Guatemala”, y recuerda el primer encuentro entre su chelo y el rock

“A Álvaro Aguilar se le metió en la cabeza que necesitaba un chelo para sacar unas canciones. Quería tocar Close to you de los Carpenters... si analizas esa rola te topas con un conjunto de cuerdas: violas, violines, chelos. Con un solo chelo era difícil interpretar todo aquello, pero Álvaro dijo que no importaba, que le diéramos así”.

Ese “no importaba”, explica Paulo, se convirtió en Alux Nahual, uno de los grupos de roqueros más longevos y queridos de la escena guatemalteca. “El chelo, dentro de una banda de rock, es una cuestión de aguante, de consenso, de paciencia, de batallar porque se escuche. Imagina lo que significa este contraste acústico al lado de la batería y los amplificadores de las guitarras. La mayoría de grupos usan este instrumento nada más como un relleno. En Alux sucede distinto; es una dinámica de contrapuntos, de sutileza, tonalidad y experimento. Escuchar un sonido como el del chelo así de integrado te pone a pensar y decir cosas como que el rock ha sido y sigue siendo una cuestión de actitud”.

Aunque el grupo marcó época (incluso en Centroamérica), Paulo dice que al principio no implica una responsabilidad histórica. “Lo que hacíamos en Alux era ir a fregar a la casa de Álvaro”, ríe, “teníamos noción de que todo lo que hacíamos podía llegar a ser algo enorme, algo importante. Pero tanto así como tener una responsabilidad sobre un momento histórico para el rock de Centroamérica, pese a que agarramos formalidad, pues no era para tanto. Ya tenemos poco más de 32 años –y contando– como grupo en la jugada”. 

Fenómeno sociocultural

Como un bono, existe otra línea de interés por parte de Paulo para comprender y analizar la música clásica, “sobre todo la de Guatemala, que poco se conoce”, dice. Y un músico como él va más allá de estar simplemente informado de estos datos; es más, incita a imaginarlo como un ratón de biblioteca en busca de registros históricos que contengan partituras. “Más que nada, creaciones hechas durante la Colonia, el Renacimiento, el Barroco, la era Republicana o de siglos más recientes”.

Para este propósito, muy claro como lo tiene, desde hace más de 20 años, formó el Cuarteto Contemporáneo de Guatemala (cuartetocontemporaneo.com) junto a Marcos Barrios, Otto Santizo y Jorge Santizo. “Tenemos un repertorio gigantesco, desde el siglo XVI hasta 2011. La experiencia es rica. Descubres, ubicas obras anónimas cuya autoría se adjudica a músicos indígenas, también cuestiones supeditadas a lo religioso, o te pones a pensar en qué momento puedes decir que empieza un tipo de música para llamarla netamente guatemalteca”. Por eso, apostilla en un tono elevado, “cuando tienes de frente al Cuarteto Contemporáneo, lo chilero es que no estás en un concierto, sino que escuchas un fenómeno socio-cultural”.

Hip-hop, música sacra, rock, ska, marimba, electro-acústica, jazz, investigador, compositor, productor, experimentador de la estética del sonido, Paulo, que ha estado cerca de todo género existente, reflexiona y menciona que nada está agotado. “Aún quedan demasiados cuestionamientos alrededor de la música; hay que meterse en cuanto estilo se te ponga enfrente. Quizá haya una cuestión de ego, de qué sé yo, pero la satisfacción que te queda... es una onda bien chilera, te sientes lleno, suficiente”, razona inquieto, complacido, aun emocionado.

Conciertos

Compositor, productor musical y sobre todo violonchelista, Paulo Alvarado se ha caracterizado por una carrera multifacética dentro del arte guatemalteco. Ha presentado 9 discos con Alux Nahual y producido los discos compactos: El Repertorio de San Miguel Acatán, Música Guatemalteca 1582-1990, Canciones para Días de Lluvia, El Repertorio de San Sebastián Lemoa, El Actor Etéreo, El Repertorio de Catedral, Viaje musical por Guatemala y Una Nueva Marimba. 

Próximamente se presentará, el 21 de mayo, a las 7 p.m., en la Universidad Rafael Landívar, con el concierto 300 Años de música colonial guatemalteca. El 22 de mayo, a las 11 a.m., en Casa Santo Domingo (Antigua Guatemala) participará en el concierto De Ayer y de Hoy, de Allá y de Acá, con el Cuarteto Contemporáneo de Cuerdas. Su obra, Sonata para Violín y Piano, será estrenada por el Dúo Guatemala, el 24 de mayo, a las 8 p.m., en el Teatro de Cámara del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. El 31 de mayo, a las 7:30 p.m., en el Museo Ixchel, el Cuarteto clausurará las actividades del mes de los museos con un concierto de música del siglo pasado. Antes de finalizar el año, el músco tiene prevista la presentación de resultados de su investigación sobre música guatemalteca, proyecto respaldado por la Dirección General de Investigación de la Usac.

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    F: Cecilia Cobar

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  • VIOLONCHELISTA

    Paulo Alvarado ha presentado 9 discos con Alux Nahual y producido los compactos: El Repertorio de San Miguel Acatán, Música Guatemalteca 1582-1990, Canciones para Días de Lluvia, El Repertorio de San Sebastián Lemoa, El Actor Etéreo, El Repertorio de Catedral, Viaje musical por Guatemala y Una Nueva Marimba.  

    A partir del 21 de mayo Alvarado participará en diferente actividades, la mayoría relacionadas con presentaciones con el Cuarteto Contemporáneo de Cuerdas. Una nueva obra musical y una investigación resaltan en su lista de proyectos inmediatos.